Hace meses, al poco tiempo de mudarme a nuestra casa, comencé a trabajar en las dos jardineras que tenemos en la ventana de nuestro dormitorio. Paulatinamente, planté claveles, una cineraria, margaritas, jazmines y un pequeño rosal. Lo hice sin ganas, pero poco a poco se ha ido convirtiendo en mi rincón: riego frecuente, limpieza, poda, proteger de la luz del sol… un entretenimiento con el que relajarme, una ocupación más.
La mayoría de las plantas han sido muy agradecidas y han crecido y dado flores. Sin embargo, el rosal no se tomó muy bien que lo transplantara de la maceta. Primero se secaron las rosas que tenía cuando lo compré, luego perdió buena parte de las hojas y varias ramas de las principales se secaron. Cuando parecía que no iba a sobrevivir, han vuelto a brotar nuevas ramas y hojas hasta que hoy se ha abierto una nueva rosa, que es la que aparece en la foto. Es paliducha y pequeña, pero para mí es la más bonita que he visto nunca. No tiene nada que envidiar a la de Roland de Gilead. A mí me tiene tan embobado como a él la suya.
Alberto Alvarez-Perea

Un comentario
oooooooooh….