Fin de campaña

Tenía pensado escribir hoy un post con mis impresiones acerca de la campaña electoral que debería haber llegado a su fin en breve y que ha tenido que hacerlo prematuramente por motivos más que trágicos. Quería haber hablado de mi desilusión por estos días de mediocridad, de debates que no son debates, de contajes de muertos y de demagogia barata. Pretendía argumentar acerca de la opción menos mala de las dos que se nos plantean como candidatos a la presidencia del Gobierno. Tenía ganas de recibir vuestras observaciones acerca de la conveniencia de transformar una campaña electoral en una subasta electoral.

Lamentablemente, no me siento con ganas de hacerlo. Y no por falta de tiempo o por el cansancio acumulado que me mantiene apartado de mis diversos proyectos no médicos, sino por la tristeza que experimento desde que esta tarde leí en El País, vía móvil, que esa panda de asesinos llamada ETA ha segado la vida de Isaías Carrasco.

ETA interfiere así, en las elecciones generales, reclama así que se cumpla su mandato abstencionista, y lo hace de la única forma que conoce: matando, sembrando el miedo. Eso es lo que vale un ser humano para los terroristas, la posibilidad de que el domingo se cuente un puñado de votos menos. ¿Se puede tener en tan poco una vida? ¿Merece cualquier objetivo, por importante que sea, borrar a una persona del mapa y romper una familia? ¿Tan poco hemos avanzado?

Seamos nosotros ahora quienes le demos sentido y valor a la pérdida de un ser humano. Primero, exigiendo a nuestros políticos unidad absoluta frente al terror. El desastre de la legislatura que termina no puede repetirse, no podemos permitirnos 4 años más como estos últimos. En terrorismo, sólo vale una voz, sin matices, y ésa es la de aquellos que el pueblo elige para que hable en su nombre.

Y segundo, precisamente eligiendo el domingo a nuestros gobernantes de forma activa. Esto es, votando. PSOE, PP, IU, UPyD… cualquiera es bueno. Tan sólo pensad que cada papeleta que no entre en la urna puede ser contada por los etarras, por los viles asesinos de Isaías como propia, o lo que es peor, como producto de la desaparición de un hombre.

El nombre de Isaías Carrasco me era totalmente desconocido cuando me desperté esta mañana. ¡Cómo desearía que continuara siendo así!

Alberto Alvarez-Perea

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