Ir al médico es malo para la salud

Médico peligroso

Voy a desvelar uno de los secretos mejor guardados de la Medicina, tan importante como el piloto automático de los camioneros que nos descubrieron los Simpson. Muchos no me creeréis, otros pensaréis que es broma, pero con que uno de vosotros sea capaz de vislumbrar la verdad, me daré por satisfecho.

Normalmente uno acude al médico cuando está enfermo, así que la experiencia se centra en la mejoría de los síntomas del momento, sin fijarse en que, al estilo de un mal mecánico, el doctor lo que hace realmente es causar algún desajuste para que haya que seguir acudiendo a su consulta. Sin embargo, esta estrategia se hace más evidente cuando vamos al médico para uno de esas trampas mortales conocidas como chequeos.

Para ilustrarlo os pondré un ejemplo que deja la falacia de la Medicina al descubierto: el lunes pasado me llamaron para decirme que tenía cita para Salud Laboral el viernes a las 9,45 h. Es algo así como los reconocimientos de los equipos de fútbol a los nuevos jugadores, el hospital quiere asegurarse de que la nueva mano de obra no va a tirarse el contrato de baja.

Pues bien, llegó el viernes y llegué a Salud Laboral. Allí me interrogaron sobre mi calendario vacunal y observamos que se me había pasado el último recuerdo del tétanos, que debí administrarme hace dos años. De inmediato, una auxiliar sacó una jeringuilla y, sin darme tiempo a reaccionar, me inoculó toxoide tetánico intramuscular en el brazo izquierdo. «Craso error», pensé… Â¡cuánta razón tenía! Las vacunas son una pieza clave del entramado de la falacia médica. A continuación, me dieron 6 volantes para realizarme diversos análisis de sangre, uno de orina y una prueba de Mantoux, para detectar si he estado expuesto alguna vez a la tuberculosis.

Me dieron varios tests para detectar mi nivel basal de estrés y, a continuación, pasé a la consulta de un colega especialista en Medicina Laboral, para quien me había autohistoriado previamente. Allí comentamos mis respuestas y el matasanos pretendió convencerme de lo que ya sabía, que estaba sano como un roble. Una maniobra de distracción para intentar que olvidase que ya había caído en la trampa.

El viernes por la noche ya comenzó a dolerme el brazo y a crecerme una pequeña pápula en la zona donde me habían pinchado la supuesta vacuna frente al tétanos. El sábado el malestar se hizo patente y por la noche ya presentaba una ligera febrícula. Pero fue ayer cuando mi reacción a la inyección alcanzó su cénit.

Después de una mala noche, y con el cuerpo deshecho, esta mañana recogí, antes de salir a trabajar, mi muestra de orina. Sin desayunar, me fui a la zona de extracciones del hospital para que me sacaran ¡6 tubos de sangre, 6! Tras atarme una goma en el brazo, la auxiliar que se encargó de hacerlo «tuvo» que hurgarme con una aguja canulada del diámetro del túnel de la M-30 en el brazo izquierdo hasta que se dio cuenta de que no era capaz de encontrar mi vena radial. No contenta con la reacción vagal (sudoración, palidez) que desencadenó el dolor unido a mi miedo irracional a los pinchazos, se dirigió a mi brazo derecho y allí repitió la operación, esta vez exitosamente. Yo miré sus ojos con los míos entrecerrados para hacerle saber que a mí no me engañaba, que yo estoy enterado de que ella forma parte del complot.

Por si no tenía suficiente con una camisa y una bata empapadas en sudor, la febrícula de la reacción a la vacuna, la falta de sueño, el dolor en mi brazo izquierdo y los agujeros en ambas flexuras de los codos, la señora tuvo que rematar la faena pegando sobre los pinchazos unas piezas de algodón con esparadrapo, que llegaba estratégicamente hasta los vellos de ambos antebrazos para que doliese al retirarlos.

Así me vi obligado a afrontar la consulta de hoy y así estoy ahora por culpa de un maldito chequeo: febril, con dolor de cabeza y con mis miembros superiores perforados y doloridos.

Yo ya he entrado en la vorágine, pero vosotros aún estáis a tiempo: no acudáis a los médicos, nuestra labor consiste en hacer que caigáis cada vez más enfermos.

Por supuesto, en este estado no he ido a hacerme el Mantoux. Como dicen en Media Markt, ¡yo no soy tonto!

Alberto Alvarez-Perea

Esto… que por aquí vienen muchos hoygan… ¡mi experiencia es más o menos real, pero el resto es todo broma! Es bueno hacerse chequeos… o eso es lo que me han enseñado a decir 😉

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