Parece que para pesar de muchos y alegría de otros, los festejos taurinos podrían tener sus días contados en la capital de Gaudí. La noticia tiene tintes agridulces: la satisfacción que me produce pensar que la tortura cae por su propio peso, por la falta de público, no es capaz de imponerse a la sospecha de que las verdaderas razones tengan más que ver con reivindicaciones políticas.
De cualquier forma, se deba a lo que se deba, posiblemente estemos ante otro paso hacia adelante.
Alberto Alvarez-Perea

3 Comentarios
Los toros al campo
Saludos!
y los toreros al cementerio
iros a la mierda