Zapatillas

Zapatillas Adidas 

¿Alguien puede explicarme por qué para entrar a esos garitos donde acuden los niñatos a alienarse en masa uno no puede llevar zapatillas? ¿Es que un macaco de esos con el flequillo de punta tiene más presencia que yo sólo porque lleva zapatos incómodos? ¿Acaso tienen alguna presencia los individuos que pueblan estos tugurios?

Estoy indignado. Este viernes, un par de amigos y yo salimos a pasárnoslo bien. Ellos dos estaban muy ilusionados con enseñarme un local que, decían, me daría ánimos para cargarme al dragón de una vez por todas. Cuando llegamos allí, un gorila de metro sesenta de alto por metro ochenta de ancho me miró de arriba a abajo y me informó de que no estaba permitida la entrada con calzado deportivo.

No es que yo tuviera especial interés por acceder al antro, de hecho en parte me alegré de que el iletrado hubiese abandonado el gimnasio un rato para salvarme de unas horas de ritmos repetitivos ("chumba-chumba") y de no poder mantener una conversación, pero es que no me esperaba esa salida. "Pues nada, hasta luego", fue lo único que acerté a decir, un tanto confuso.

Lo peor fue cuando mis amigos me dijeron que no me preocupara, que cerca había una especie de macropub pseudoirlandés que también era de su agrado y que allí no tendríamos problemas. Ilusos ellos pues al llegar, esta de vez de forma menos sopresiva, un individuo de dos metros por doscientos centímetros, me comunicó una vez más que no me podía permitir pasar con los cueros que cubrían mis pinreles. 

Ya digo que no me importó mucho no acceder a los locales. Nada se me ha perdido en un sitio con unas normas tan absurdas. Lo sentí por mis acompañantes, que los pobres hombres no sabían muy bien qué hacer tras dos negativas. Afortunadamente, a la tercera suele ir la vencida y pudimos entrar en una agradable cervecería donde estuvimos charlando de lo lindo y donde arreglamos una vez más el mundo, desgranamos nuestras alegrías y nuestras penas y demostramos que la verdadera amistad no entiende de kilometrajes ni cronómetros.

No deja de ser curioso que el viernes tuviésemos tantos problemas para entrar en lugares donde la gente acude a desinhibirse y, alentados por los psicotropos de legalidad diversa,  dar rienda suelta a sus instintos más primarios, y que hoy, provisto de una indumentaria bastante similar a la de ayer, haya podido cenar alegremente en un restaurante elegante y agradable, acompañado por la belleza gaditana de mi amiga Yo.

¡Qué triste un mundo donde parecen tener más razón los mamarrachos de una banda de rock que los empresarios de la hostelería! 

Alberto Alvarez-Perea 

8 Comments

  1. H
    Posted 15 de octubre de 2006 at 11:59 am | Permalink

    Desgraciadamente eso de las zapatillas se repite cada noche en casi todos los bares de cualquier ciudad. Prefierenm un gamberro maqueado que un tio civilizado que vaya como le gusta. En fin, yo ya ni entro en esos sitios. Si no quieren mi dinero, sera porque les sobra jejeje

  2. Posted 15 de octubre de 2006 at 12:02 pm | Permalink

    Qué poco original que soy. Según iba leyendo lo que habías escrito pensaba precisamente en la canción de esos que tú llamas mamarrachos, pero que a mi, no me desagradan. Tú mismo reconoces que la letra de esa canción es de lo más acertada, después de todo… :roll:

    Pues sí, a mi también me parece indignante que no te dejaran entrar en esos sitios. Pero vaya, que ellos se lo perdieron :)

    Y, bueno, gracias por el “cumplido”. ¿Belleza gaditana yo? jajaja pobres gaditanas ¿no?. Si al final vas a tener razón y ahora con tanto estudiar el mir ves peor… jajaja 😉

    En cualquier caso y, fuera de coñas, a mi también me agradó cenar contigo. Disfruté de la conversación amena e interesante que me brindaba un chico con zapatillas (debo ser “rarita” 😉 ) . Pocos son capaces de “regalarte” una conversación en condiciones, por más zapatos de vestir que lleven. Y, te lo creas o no, me gustó oir tus “batallitas” del colegio mayor, tus “peleas” con el ordenador de Leandro (en esta parte, te voy a ser sincera porque además como eres un chico listo seguro que te diste cuenta, me perdí un poco, ya sabes que yo de ordenadores no… y mira que llevo zapatos de vestir, pero nada, oye… :mrgreen:), etc. Y me gustó también verte animado mientras hablabas, que te rieras,… no sé… por messenger te intuía muy apagadito y bajo de moral. Esperaba encontrarme a la mezcla extraña entre “Tristón” y el “pitufo gruñón” de estos días, pero creo que los dejaste a un lado por un rato y que desconectaste un poco del dragón del mir. Y, mira, si al menos te serví para eso, pues me doy por satisfecha.

    ¡Ah! y gracias por sacar un huequito para quedar con nosotras (aunque después K no pudiera venir). Es todo un detalle porque has venido para estar aquí muy poco tiempo y no era de extrañar que prefirieras pasar el tiempo con tu familia y amigos de toda la vida. Y nada más, que me está saliendo un “macrocomentario” que va a ser más largo que el propio post.

    ¡Ánimo Eragon! ;). Un beso, y cuídate mucho ¿quieres?

  3. Posted 15 de octubre de 2006 at 5:25 pm | Permalink

    Acabo de acordarme… ¿y mis chapas? 😥

  4. Posted 15 de octubre de 2006 at 6:50 pm | Permalink

    H: Eso fue lo que yo les dije a esta gente, que ya tenía una razón para no volver por allí.

    Yo: El Canto del Loco no me disgusta, les llamaba mamarrachos porque se supone que los rockeros lo son, en contraposición a los inteligentes empresarios. ¿Tus chapas? En la maleta han vuelto, me he dado cuenta esta mañana. Lo siento mucho, tendrá que ser en navidades, que espero volver a verte.

  5. Posted 15 de octubre de 2006 at 8:56 pm | Permalink

    Jamás entenderé lo de las zapatillas… Encima si eres chica, puedes entrar con o sin zapatos de vestir, como eres un cacho de carne que sólo sirve de reclamo…

  6. Posted 15 de octubre de 2006 at 9:34 pm | Permalink

    Bueno, vale, me las das en Navidades. ¿Me las vas a dar por Papá Noel o por Reyes?. Yo siempre he sido más de los Reyes, pero bueno…

    En cuanto a lo de volver a verme… cuando quieras :)

  7. Posted 18 de octubre de 2006 at 10:43 am | Permalink

    Pero Alberto: ¿por qué necesitabas alienarte? Lo que te está pidiendo el cuerpo es volver a los Madriles 😉

    Cuídate, se te echa de menos.

  8. Posted 21 de octubre de 2006 at 10:04 pm | Permalink

    Lo de las zapatillas deportivas es algo muy calculado y tiene un objeto muy definido: marcar terreno y demostrar quien manda. Si podemos apalancarnos en una arbitrariedad tan absurda es que somos capaces de todo; cuando entres con zapatos ya sabrás que no tienes ningún derecho como cliente aquí.

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