Los mejores cómics: La distribución mediante la sindicación

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Memorable sunday de Casey Ruggles, de Warren Tufts, que fue publicada el 2 de septiembre de 1951 tras ser distribuida por el United Feature, uno de los sindicatos más importantes de los EE.UU.

Una vez que se instala en los cómics de la prensa la ambivalencia de los dos formatos conocidos hasta hoy: la sunday y la daily strip, se crea la necesidad de encauzar y dar homogeneidad en lo relativo a forma y contenido a todo cuanto se produce para este medio de comunicación de masas. Todo ello vendrá de la mano de la sindicación de los cómics, un sistema de distribución que posibilita que el medio se difunda hasta cualquier rincón del planeta, con lo que, a la vez, la cultura occidental en general, y la norteamericana en particular, tendrá un vehículo perfecto para implantarse sin esfuerzo entre el público hasta el que lleguen las obras más populares de los cómics. Como se ha dicho en alguna ocasión a lo largo de esta serie, el cómic es un reflejo fidedigno de la sociedad que lo produce y un elemento para difundir los entresijos de su cultura, por lo que cualquier interconexión que se produzca con otra diferente posibilitará los mecanismos de aculturación de ésta.

La distribución es un hecho asentado desde hace más de un siglo entre los medios de la prensa, pero, tal dinámica necesitó de una evolución para poder llegar a convertirse en lo que es hoy. Estos son, a grandes rasgos, sus causas y sus efectos.

Desde la primera mitad del siglo XIX ya existían sindicatos de distribución de material diverso de carácter literario y gráfico constituido por chistes, caricaturas e ilustraciones en general que era ofertado para su compra con la intención de que fuese incluido en cualquier publicación, pero será durante la segunda cuando se comiencen a producir trabajos de una manera organizada debido a la creciente demanda de este tipo de creaciones. Por todo ello, cuando los cómics irrumpen en la escena durante la última década de la centuria, la estructura de los sindicatos está lo suficientemente desarrollada como para que sean capaces de asumir una comercialización que se gesta en ese momento.

Las tiras diarias también siguieron la inercia de sus hermanas policromadas del domingo. A partir de este original de Flash Gordon.
Las tiras diarias también siguieron la inercia de sus hermanas policromadas del domingo. A partir de este original de Flash Gordon, que fue dibujado por Dan Barry en los años cincuenta, se procedía a su reproducción en serie y se hacía llegar a los periódicos en hojas que contenían las seis correspondientes a una semana.

En el origen de los cómics de la prensa estadounidense cada periódico producía sus propias series, lo que indica que su difusión estaba limitada al ámbito de los lectores que lo compraban. Como es evidente, los grandes diarios de tiradas elevadas sólo podían desarrollarse hasta llegar a ser lo que eran en las grandes ciudades como Nueva York, San Francisco, Chicago, Boston, Philadelphia y otras, por lo que el cómic de la prensa, forzosamente, nació urbano en su dimensión temática debido a que debía contar lo que acaecía de manera habitual al lector que mantenía el medio.

Pero, también, en aquellos años en los que los cómics toman carta de naturaleza, los grandes periódicos comienzan a vender los derechos de publicación de sus series de más éxito a otros más pequeños que no podían asumir los gastos que ocasionaban las nóminas de los dibujantes necesarios para confeccionar un suplemento dominical debido a sus tiradas más exiguas. Son éstos casi las únicas muestras de órganos de la prensa que existen en las ciudades de menor tamaño o en los pueblos alejados donde el reparto de publicaciones no llega debido a las aún deficientes comunicaciones de un país en desarrollo.

La oportunidad de que los cómics alcancen el medio agreste propicia que los temas tratados pasen a conectar con la problemática existencial que se origina en los grandes espacios rurales de una nación inmensa forjada a caballo entre dos océanos. Como se ha dicho, hasta ahora, los cómics habían estado relacionados con personajes y situaciones de carácter urbano, como corresponde a la condición vital de la mitad de los habitantes de un país en el que la población se dividía en dos partes iguales disgregadas, respectivamente, entre el sector secundario y el terciario, por un lado, y el primario, que en aquellos años cedía su supremacía en favor de los otros dos como una consecuencia lógica del desarrollo económico experimentado.

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Tira que abría la serie Dick Tracy, una obra concebida para conectar con una población eminentemente urbana asolada por los problemas de la creciente delincuencia organizada en la etapa de la Depresión.

La universalización de los cómics a través de la sindicación trajo como consecuencia que sus contenidos fuesen poco a poco tamizados mediante una censura tácita que prescribía que, por ejemplo, las alusiones a las diferentes etnias y credos religiosos de un estado que en esos momentos recibía la mayor de las oleadas de inmigrantes de su corta historia fuesen expurgadas de los temas a tratar para que no resultasen ofensivos para ninguna minoría, aunque no todo fue tan taxativo y escrupuloso al respecto y, lógicamente, las referencias y burlas hacia los negros o judíos, casi institucionalizadas dentro de la cultura occidental, se siguieron deslizando más o menos abiertamente durante alguna que otra década a partir de entonces.

Otra de las innovaciones que aportaron los sindicatos fue, a tenor de la inflexible ley económica de la oferta y la demanda, que la serie tomase identidad por sí misma, más allá de la impronta del propio creador. Y es que la condición de producto industrial surgido para generar riqueza que caracteriza a los cómics le supedita a ello, a pesar del concepto tan arraigado de “creación” que acompaña a toda obra en nuestro ámbito cultural, por lo que las historietas pueden ser realizadas por cualquier otro dibujante o guionista ajeno a quien las pergeñó. Normalmente, casi todos los grandes cómics que han permanecido en el candelero a lo largo de los años, han tenido más de un dibujante para poder dar una respuesta adecuada a la necesidad de su demanda, dándose la circunstancia de que los autores titulares de una serie de éxito no sean los mismos que realizan las historietas que aparecen en la tira diaria, la página dominical o el comic-book. Casos como el de Krazy Kat o Peanuts, que desaparecerían de la prensa tras la retirada de sus creadores no son nada corrientes en el ámbito de producción de los cómics norteamericanos. A veces, la impronta del creador es tan patente que una serie no vuelve a ser la misma tras el abandono de su iniciador. Este puede ser el caso de George Wunder, cuyo trabajo en Terry y los piratas jamás se acercó al nivel de lo realizado por Milton Caniff, o el de Segar, autor de Popeye, cuyo halo de denuncia con respecto a unas nefastas condiciones sociales promovidas por la Depresión de los años treinta, es dulcificada y hasta bastardeada por su continuador hasta hacer al personaje casi irreconocible.

Una de las modalidades que ofrecieron pronto los sindicatos para acaparar clientes fue la versatilidad de los formatos que posibilitaban que una misma página se pudiese servir en conformación vertical o bien horizontal. Ello condicionaba que se impusiese al dibujante de la sunday unas medidas estándar para realizar las viñetas, de tal modo que éstas podían ser remontadas en cualquiera de los dos para adaptarse a las preferencias del cliente. 

Primera página dominical de The Phantom
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Ejemplo de cómo se resolvía la versatilidad de ambos formatos sin tener que recurrir a la confección de dos originales. En este caso, se trata de la primera página dominical de The Phantom, publicada el 28 de febrero de 1939, montada en sendas conformaciones.

Otra de las aportaciones de la distribución consistió en facilitar la labor de la paginación de los suplementos hasta el punto de que los sindicatos ofrecieron no sólo series como tales, sino páginas completas que contenía una obra estrella y otra de menor entidad, llamadas top-strip, si estaban situadas sobre la cabecera o bottom-strip si se ubicaban en la parte baja. Con ello, el periódico ofrecía dos historietas dentro de un mismo espacio, con lo que se hacía innecesaria la compra de una o de varias historietas más para completar la página o se evitaban problemas de maquetación si quedaban espacios muertos. Top o botom-strips conocidas fueron, entre otras, Medieval Castle, alojada en Prince Valiant, Jungle Jim en Flash Gordon o Krazy Kat, cuyo éxito le llevó a que la serie principal con la que convivió un tiempo fuese olvidada cuando poco a poco se impuso como una de las grandes obras de los cómics. Hoy, el nombre de The Family Upstairs contaría poco si no fuese por el éxito que consiguió su compañera. 

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Tres muestras diferentes de la evolución de la top-strip de Polly and her pals en las que se advierte cómo desde una simple tira ilustrada que completa el formato de la página se evoluciona hasta una historieta propiamente dicha que cambia de composición y hasta de título, a pesar de que está protagonizada por los mismos personajes. 

Los grandes sindicatos conocidos, muchos de los cuales están todavía en activo desde su fundación a pesar de las absorciones producidas a lo largo de los años, son el King Features Syndicate, propietario de series como Flash Gordon, Prince Valiant, The Phantom, Secret Agent X-9, The Katzenjammer Kids, Krazy Kat, Rip Kirby, Big Ben Bolt y otros muchos; el United Features Syndicate ha distribuido, entre otras, Li’l Abner, Casey Ruggles o Peanuts; el Chicago Tribune-New York News Syndicate tiene en su catálogo obras como Winnie the winkle, Dick Tracy, Gasoline Alley, Terry y los piratas o Mary Perkins; Field Enterprise es la propietaria de Pogo, Andy Capp, Daniel el travieso o Kerry Drake; etc.

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La presencia de los sindicatos de distribución estuvo tan arraigada dentro de los cauces de publicación que hasta el ejército norteamericano tenía el suyo propio para hacer llegar sus cómics a los soldados de los frentes de medio mundo en el periodo temporal presidido por el segundo conflicto de proporciones mundiales. Tal es el caso de esta tira protagonizada por la Burma de Terry y los piratas, de Milton Caniff. 

La importancia de la sindicación de este medio viene avalada por la difusión extraordinaria que los cómics adquirieron tras la creación de ésta. En algunos casos, como en los de las series de Blondie o Peanuts, se han llegado a implantar en unos dos mil periódicos de todo el mundo, lo que ha llevado a la internacionalización de bastantes personajes que forman ya parte de la cultura universal a pesar de su origen… Otro exponente más del colonialismo cultural a que estamos sometidos debido a la pujanza y largos brazos de las sociedades hegemónicas. 

Conclusión

Con el presente capítulo se completa el primer gran bloque de texto de esta serie en el que a lo largo de casi una veintena de entregas se han expuesto cuáles fueron los orígenes y consolidación de los cómics como un medio artístico y sobre todo como uno de los exponentes más populares de la cultura de masas. Tras ello, esta serie deberá dar un giro diametralmente opuesto y retrocederá incluso en el tiempo para acercarse a los entresijos que dieron origen a los cómics de otro espacio geográfico en el que aún no se habían asentado como una forma más de entretenimiento: España, porque, debido a su atraso, en aquel momento histórico, aún no existía una sociedad que hubiese accedido de manera plena a una cultura eminentemente popular.

Con ello, creo que se ha agotado un ciclo. Tal situación en la cadencia de publicación ha coincidido con una contingencia debida a una serie de imperativos personales que me obligan a detener momentáneamente la confección de estos capítulos, por lo que es el momento de hacer un alto en el camino hasta mediados del mes de julio próximo.

Siento enormemente esta situación puesto que he defraudado a quienes estáis siguiendo fielmente la cadencia de estas entregas, pero debido a que debo concentrar toda mi atención en otro asunto, me veo en la imposibilidad de poder seguir aportando de momento más análisis sobre el medio con la calidad que yo quisiera. Espero que sepáis disculparme.

Deseo agradeceros vuestra atención y especialmente a Alberto Alvarez-Perea, hombre muy emprendedor, un gran apasionado y conocedor del mundo de los cómics, sin cuya ayuda al ofrecerme su blog para poder publicar estas entregas, todo esto no hubiese sido posible.

Gracias por todo y hasta el mes de Julio. 

Un saludo cordial,

José Antonio Ortega Anguiano

2 Comments

  1. Juan Carlos
    Posted 28 de febrero de 2007 at 7:38 pm | Permalink

    Espero seguir disfrutando con tus estudios. Mucha suerte en tus nuevas ocupaciones pero no descuides a quienes anhelamos saber más y mejor sobre los cómics.

  2. José Antonio Ortega Anguiano
    Posted 21 de marzo de 2007 at 12:42 am | Permalink

    Gracias por tus palabras, Juan Carlos. Cuando dejé de enviar los textos de esta serie a Alberto pensé que iba a poder retomar la redacción de nuevas entregas en las fechas que indicaba en mi especie de despedida, pero, no ha sido así. Espero que para las primeras semanas de Junio próximo, una vez me descarge de algunas cosas en las que ando metido podré continuar, que yo también deseo volver a hablar de esos cómics clásicos y modernos que tanto nos gustan a todos.

    Un saludo cordial.

    Josantonio

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