Los mejores cómics: El influjo del modernismo IV

La única obra modernista

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The Adventures of Lovely Lilly, de Carolyn Wells y J. F. Kaber, con su carga modernista plena en cuanto a estética, composición y resolución.

En esta disertación sobre la influencia modernista en los cómics se ha tratado de hacer hincapié sobre su casi total ausencia, sin embargo, nada es definitivo y sí que existe una obra llamada The Adventures of Lovely Lilly que puede ser considerada como absolutamente modernista por la composición de la página y su grafismo, que se entronca plenamente en este movimiento, concretamente en la más estricta tradición floral belga.

La edición de ésta se desarrolló a lo largo de tan sólo seis entregas sin periodicidad fija que se incluyeron en las páginas a color del suplemento dominical de cómics del New York Herald entre 1906 y 1907. Esta obra se publicó por primera vez en nuestro país en el número 2 del fanzine Voz en Off, segunda época, que fue editado en Córdoba en abril de 1994 por el colectivo denominado de igual forma, por lo que esta es la segunda vez que se conoce en su versión íntegra.

Su autoría se debe a J. F. Kaber que plasma a sus personajes con los volúmenes perfectamente delimitados, así como los fondos, realizados con el cuidado y la elegancia que sólo el Modernismo podía permitir. Como un trabajo encuadrado en un movimiento primordialmente estético, la belleza se enseñorea de cada sunday y se transmite a las cuatro viñetas que conforman de manera matemática el desarrollo de cada una de las historias aparecidas, así como a las cabeceras y la separación de las imágenes que se resuelve de manera distinta y con un gran sentido de lo ornamental a partir de elementos orgánicos de una belleza manifiesta.

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Los guiones, compuestos en forma de pareados, se deben a Carolyn Wells, una escritora que fue conocida por unos ensayos en los que analizaba una serie de facetas diferentes del humor y que se conocieron como A satire anthology, A non-sense anthology, A parody anthology y A whimsey anthology. Esta temática, como la de otros cómics de la época, se circunscribe al humor aunque no sea muy convencional, ya que mientras los demás protagonistas realizaban travesuras inocuas propias de los niños, Lovely Lilly, bajo su apariencia de oronda muñeca angelical, esconde un demonio que disfruta con la tortura de todo animal peligroso que se atreva a cruzarse en su camino.

Sin la menor duda, Carolyn Wells debe ser la primera mujer que trabajó para los cómics, y que se sepa, tanto ella como Kaber no se prodigaron más en este medio, pero quedaron para siempre como los únicos autores de la única historieta modernista que se haya hecho en todo el mundo, por lo que The Adventures of Lovely Lilly puede que sea la excepción que confirma la regla.

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Conclusiones

¿Cuál es el motivo de que un estilo tan definitorio de una época no influencie al Cómic que desde siempre ha sido un reflejo fidedigno de la sociedad que lo produce? En principio, quizás sea una cuestión puramente comercial, ya que el medio se crea para atraer a una gran masa que busca diversión y a la que importan poco las corrientes artísticas, y por ello, hace oídos sordos a un movimiento que desconoce o con el que no conecta.

Quizás sea que por entonces el Modern Style no había calado aún en una sociedad como la americana, que aún se definía como la futura gran potencia económica que estaba llamada a ser en décadas sucesivas y que había manifestado por primera vez su vocación imperialista, justo en esos años, provocando o no una explosión en el Maine que le sirvió de excusa para iniciar una guerra contra España que pusiese en sus manos los últimos restos de su imperio.

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Puede que la manera intrínseca de hacer cómics, un medio dinámico que debe ser formalmente conciso para llegar con nitidez al receptor y que intenta asemejarse a la estética del cine, trate de no complicar sus postulados estéticos y se limite a ser únicamente un heredero gráfico de la caricatura, como se ha apuntado también.

Lo comercial, la falta de aceptación popular o un modo concreto de trabajo… Puede que una de ellas, o la suma de las tres, sean la respuesta, pero, tampoco son razones demasiado consistentes, o en todo caso, no justifican la impermeabilidad del cómic para tomar lo mejor del Art Nouveau, por lo que siguió indiferente un camino autónomo y realmente original mientras buscaba un lenguaje propio que aún balbuceaba en esos años y que en muchos hallazgos aventaja al cine en cuanto a su utilización. La eterna pregunta de si un medio crea modas o sólo las transmite, continúa sin respuesta en este caso.

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Sin embargo, como se ha visto, algo de este movimiento pasó a los cómics de manera plena con la serie The Adventures of Lovely Lilly. Ante una creación de semejante impacto estético cabría preguntarse: ¿dónde hubiese llegado el Cómic si el Modernismo hubiera hecho mella en éste? ¿hubiese alcanzado, ya en su origen, esa madurez plástica conseguida con el realismo figurativo de Alex Raymond o Harold Foster cuatro décadas después? ¿habría aportado de manera inmediata esa madurez su reconocimiento como forma artística sin tener que recurrir a una larga reivindicación de ese derecho a partir de los años sesenta del pasado siglo? De ser así, ¿cuál hubiese sido el presente de los cómics tras una centuria de aprobación masiva como una forma de arte exactamente igual a otra?

Dar una respuesta correcta sería tan difícil como intentar cambiar la Historia, y eso no es posible.

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José Antonio Ortega Anguiano 

3 Comments

  1. Posted 19 de mayo de 2006 at 3:34 pm | Permalink

    Y muy onírico, Carrol Lewis debió leer estos cómics. Fijo 😉

  2. José Antonio Ortega Anguiano
    Posted 19 de mayo de 2006 at 6:45 pm | Permalink

    Saludos, Johnny.
    Si te refieres al Carrol de “Alicia en el País de las Maravillas” no es posible que conociese esta obra porque había muerto muy pocos años antes de publicarse, sin embargo, su guionista sí debía conocer la obra del inglés.
    En esa etapa, la literatura hace, o había hecho ya, incursiones en el campo de la fantasía y el mundo de los sueños. No hay que olvidar que Freud había dado a conocer la técnica del psicoanálisis y que esa parcela inexplorada del mundo del inconsciente estaba abierta a cualquier campo de la creación.
    En torno a esta época en la que surge “Lovely Lily” ya se conocían, o iban a conocerse, “El mago de Oz”, “Peter Pan y Wendy” y otras semejantes, que a su vez, eran tributarias de una obra tan bella como “Los viajes de Gulliver”.

    Gracias por tu interés.

    Josantonio

  3. Alberto
    Posted 19 de mayo de 2006 at 8:36 pm | Permalink

    Gulliver… uno de mis libros favoritos. ¡Qué de lecturas se pueden hacer de esa obra!

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