Los mejores cómics: El influjo del modernismo II

La Impronta de Winsor McCay

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Una de las página de Little Nemo in Slumberland más conocidas. Fue publicada el 1 de marzo de 1908 y en ella se observa la obsesión de su autor por sacar a los cómics de su estatismo. Si sólo se miran las viñetas de una en una, desatendiendo al texto, con una cadencia regular, se puede advertir cómo el palacio da una vuelta sobre sí mismo de 360º mientras los niños rebotan en las paredes… 

Tan sólo en el New York Herald, el periódico de corte conservador que leía la burguesía y que cuidaba estéticamente su producción para el suplemento dominical incluyendo series de fantasía y no de humor como hacía el resto, pueden encontrarse algunas posibles referencias estéticas que recuerdan vaga y ocasionalmente al movimiento modernista, tal vez porque el sector de población al que iba dirigido debía estar más acostumbrado a una estética que llegaba de Europa a través de parcelas concretas como la moda, el mobiliario, la joyería y cualquier tipo de objeto de una cierta distinción.

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Original de una página de Little Nemo in Slumberland publicada el 23 de diciembre de 1906. La alusión a la Navidad, el Año Nuevo, el 4 de Julio o San Valentín, nunca faltó en una serie realizada para un periódico que buscaba un público de concepción burguesa. 

Little Nemo in Slumberland, una serie aparecida el 15 de octubre de 1905 y que permanecerá en una primera etapa en las páginas del New York Herald hasta 1911, ha sido considerada siempre en cualquier análisis que se haya hecho sobre ella como  modernista. Sin embargo, en esta obra la escasa presencia de adornos de inspiración Modern Style; la resolución de las flores como las pintase Alfons María Muchá; la inclusión de pavos reales, el ave modernista por excelencia; las mariposas; las esculturas de Eros; las palmeras y plantas de interior; el mobiliario; vestuario y poco más, están dados en tan pequeñas dosis en lo global de la obra, que apenas si tienen peso para encuadrarla en este estilo de manera plena. 

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Fragmento de la página de Little Nemo in Slumberland, de Winsor McCay, aparecida el 15 de abril de 1906, en el que se muestra en sus viñetas superiores la inspiración modernista, posiblemente de Muchá, pero en pequeñas dosis si se compara con la totalidad de la obra.

Hay un rasgo característico que impregna toda la obra de McCay debido al predominio de Muchá y de otros grandes ilustradores modernistas. También este autor remarca con una línea más gruesa las figuras y los objetos principales para salvarlos de la bidimensionalidad que tanto preconiza un movimiento poco preocupado por los volúmenes, sin embargo, ésta es una servidumbre a la que escapa fácilmente su creador por su excepcional sentido de la perspectiva.

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Página de Little Nemo in Slumberland publicada el 23 de febrero de 1908 en la que se muestra la belleza de fantásticos palacios, pero, tamizados por la imaginación que ponía McCay en su obra más conocida. En este caso, los protagonista deambulan por las paredes de la solitaria mansión real de Morpheo que se ha volcado hacia un lado por mor del sueño de Nemo. 

Hay otro elemento que está poderosamente inmerso en este artista y que le define como muy próximo al modernismo: su deseo de plasmar belleza por encima de todo. Cada movimiento artístico tiene dos vertientes: una estética y otra ética, o lo que es lo mismo, una plástica definitoria por la que se le reconoce y un ideario que inunda cualquier orden de su ámbito. Por su nacimiento aislado en núcleos concretos de Europa, el modernismo germina en un entorno cerrado de artistas que le dan entidad y cuando se difunde, es reconocido como algo innovador por otros creadores de latitudes alejadas. Es, quizás, la fuerza expresiva de sus grandes artífices, individual y distinta en cada uno de ellos, lo que le da entidad como forma artística y aunque nunca se llegó a sentar unos cimientos comunes en cuanto a formas, sí que se puede considerar a la Belleza como la fuente originaria de toda su génesis innovadora, su divisa y el objetivo último de la creación.

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Original de una página de Little Nemo in Slumberland publicada el 27 de  noviembre de 1910. La importancia de McCay dentro de los cómics hacen que sus páginas dibujadas alcancen hoy en las subastas para coleccionistas precios similares a los que llegarían algunas obras menores o bocetos de grandes creadores del arte pictórico.

La belleza está implícita en Little Nemo in Slumberland como uno de sus grandes logros y es tan evidente como los hallazgos de lenguaje que McCay descubre y que aún hoy sorprenden por su estética e ingenio. Así mismo, también fascina su vanguardismo para lograr diversificar los géneros que al principio de los cómics se reducían casi al humor en exclusiva. De esta forma, utiliza la continuidad de la historia desde que aparece en un momento en que las páginas de cómics eran todas autoconclusivas; llega a jugar con elementos propios del lenguaje haciendo que los protagonistas se relacionen con el logotipo que preside el encabezamiento de la página o que utilicen las líneas de las viñetas; distorsiona imágenes antes de que el cine aplique lentes especiales para ello; crea efectos de niebla desdibujando la línea negra que contornea los elementos; realiza espacios yuxtapuestos mediante los que puede verse a los personajes evolucionar por un mismo decorado que está separado por la línea de viñeta, con lo que el deambular de los mismos por éste es más real; da formas variadas no sólo a las viñetas, sino que, además, las dispone de acuerdo a lo que debe ser contado, con lo que su trabajo de planificación se convierte en algo notorio cuando el resto de los autores sigue utilizando otro mucho más convencional y simple; su obsesión por liberar a sus historias de la estaticidad impuesta por la propia estructura física del medio le llevará a la concepción técnica y a la posterior realización de la primera película de dibujos animados realizada en el cine con carácter moderno; y además realiza zooms, travelings, picados, contrapicados, etc., pero, sobre todo, lo que le importa es conferir hermosura, por ello, McCay aporta su visión personal de cómo debe ser plasmada y lo logra plenamente como pocas veces se ha hecho en la historia de los cómics.

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La intención de Winsor McCay de mostrar belleza por encima de cualquier otra consideración queda patente en esta página de Little Nemo in Slumberland publicada el 21 de octubre de 1906. 

José Antonio Ortega Anguiano 

2 Comments

  1. Posted 4 de mayo de 2006 at 9:35 pm | Permalink

    Bien por Josantonio, como siempre

  2. jennifer
    Posted 18 de agosto de 2007 at 3:09 am | Permalink

    me gusto pero no mucho
    :)

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