Los mejores cómics: Wilhelm Busch y otros precursores

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Bellew incluye un bocadillo en una historieta publicada en 1857.

A pesar de la innovación que presentan las historietas de Rodolphe Töpffer desde su incierta madurez de lenguaje y desde el punto de vista de la creación de un nuevo medio visual y de comunicación de masas, los cómics tardarán aún unas décadas en alcanzar la evolución mínima con que los conocemos hoy, sin embargo, los tanteos para que esta metamorfosis sea un hecho vendrán de la mano de exploraciones constantes que son dejadas de lado debido a la falta de interconexión de sus autores, radicados en las latitudes geográficas más diversas, por lo que se plantea en el medio una falta de homogeneización que hará que las convenciones de lenguaje aceptadas por una mayoría de creadores no aparezcan hasta más tarde, cuando el siglo esté a punto de expirar.

La historia del nacimiento de los cómics se ha escrito siempre desde la perspectiva de la búsqueda de autores que hubiesen aportado algo nuevo a la constitución del lenguaje del medio. Tal vez sea un planteamiento erróneo puesto que así se le concede importancia únicamente a los artistas que estuvieron a la vanguardia de su perfeccionamiento, dejando al margen a otros cuya labor creativa estuvo encaminada a proporcionar un poco de diversión, con lo que quedan marginados posibles creadores de una época en la que se hacía lo que se ha hecho en cualquier otra: divertir al lector, sólo que de una manera diferente que ha quedado desfasada. Con todo ello, este trabajo no puede entrar en profundizaciones semejantes debido al medio donde está siendo publicado y a que únicamente pretende ser una crónica sucinta de lo que han dado de sí los cómics a través de su evolución histórica, por lo que únicamente haremos lo que se ha hecho siempre y se atenderá sólo a aquellos autores que innovaron el lenguaje primigenio, sin embargo, se ha puesto de manifiesto tal carencia porque lo aludido es un campo de su estudio que está aún por explorar.

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Bellew incluye un bocadillo en una historieta publicada en 1857.

Uno de los reformadores fue Frank Henry Temple Bellew, que había nacido en la India Colonial el 18 de abril de 1828 en el seno de una familia de un militar británico destinado allí. Años después, una vez asumida su fuerte inclinación hacia el dibujo, se irá a Inglaterra y Francia y, al final, recalará en Nueva York en 1950, donde trabajará para Monthly y Harper´s Weekly, dos publicaciones que ya han adoptado lo infrecuente de la ilustración como parte de su contenido.

En una de sus muchas historietas satíricas, todas muy convencionales y faltas de agilidad narrativa como corresponde a la época, que se publica en 1857, utiliza un par de bocadillos intercalados en la acción, lo que supone una innovación hasta el punto de que puede que sea uno de los primeros globos que se han utilizado en una historia secuenciada en viñetas, si es que no existe un precedente.

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Un ejemplo cualquiera de la utilización de diálogo encerrado en bocadillos en una ilustración de un libro del año 1493.

Habría que advertir que el bocadillo no es privativo del lenguaje de los cómics, como se conoce y ha sido dicho en anteriores entregas, pero, dado lo temprano en el tiempo en que es interpolado en una historieta, habría que plantearse si esta inserción no se efectúa debido a la enculturación eminentemente inglesa de Bellew, a pesar de su nacimiento, dimanada de las ilustraciones satíricas incluidas en los periódicos.

Por lo tanto, teniendo en cuenta que el 14 de septiembre de 1842 se había puesto a la venta en los Estados Unidos el álbum de Töpffer dedicado a monsieur Vieux-Bois con el título The adventures of Mr. Obadiah Oldbuck, que había conseguido el suficiente éxito como para implantar tímidamente un nuevo medio de expresión y de masas, se debería considerar que el nacimiento de los cómics no se produjo en la que desde siempre se ha reivindicado como su única patria, sino que vino, incluso allí, sólo y exclusivamente de la mano de europeos.

Entre los autores que no llegaron a producir nuevos progresos de lenguaje, pero, que, una vez aposentados en el dibujo y la caricatura como medio expresivo de su arte, podemos destacar a un genio como Gustave Doré, que si bien diseccionó algunas de sus obras en secuencias llenas de un gran sentido del movimiento, no llegó a conseguir unos progresos lo suficientemente dignos como para que sea considerado como uno de sus hacedores, aunque al menos, se le debe una mera cita como cultivador de esta especialidad de la narrativa.

Retrato de Wilhelm Busch
Retrato de Wilhelm Busch

Otro de estos creadores que pueden estar insertos en este grupo es Wilhelm Busch, un pintor nacido el 15 de abril de 1832 en Wiedensahl, cerca de Hannover, que además cultivó el difícil y selecto arte de la poesía. Aunando ambos conceptos artístico llegó a crear en 1865 la historieta Max und Moritz, que ha sido considerada como una de las primeras obras de los cómics, por lo que se le cita, quizás en demasía, como uno de los dos o tres autores más importantes dentro de su desarrollo primigenio.

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Portada del álbum de Max und Moritz en su edición a color de 1925.

La totalidad de esta obra puede considerarse como un poema al que se le han añadido dibujos que, en su conjunto, conforman una historia secuenciada que casi es posible seguir sin necesidad de leer el texto en sus cuarenta y tantas páginas divididas en dos ilustraciones que carecen de la línea de viñeta. A veces, en algunas, es posible discernir un atisbo cinético que trata de acentuar la sátira que se dirige contra alguno de los personajes.

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La dualidad textual relativa a la lírica y al dibujo queda patente en una de las páginas intermedias del relato de Max und Moritz.

Busch llegó a acumular una ingente producción lírica y unos mil óleos antes de morir el 9 de enero de 1908 en Mechtshausen. Su obra gráfica relativa a los cómics fue ampliamente difundida en todo el mundo occidental, hasta el punto de que sirvió de modelo a una de las obras más longevas de los cómics norteamericanos: The Katzenjammer Kids, pero esa es otra historia que habrá de tratarse en otro momento.

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Cuatro de las páginas finales de sus aventuras.

Paralelamente a éste, otros autores produjeron una obra gráfica secuenciada mucho más madura desde el punto de vista del lenguaje que se han de tener en cuenta en próximos capítulos. 

José Antonio Ortega Anguiano 

2 Comments

  1. Posted 11 de junio de 2008 at 5:45 am | Permalink

    Whilem Busch , es el mejor de los mejores , son Realmente sorprendentes.
    Tu sobrino Eduardo Meroslao Busch , desde Argentina
    10 de Junio de 2008, hijo de Jorge Busch, Nieto de Ernst Julius Busch baron Reutern von Nolcken y vis nieto de Johann Ernst Roberth Busch y la Baronessa Luisse Eleonore Ernestine Reutern von Nolcken , Tatara Nieto de Woldemar Ernst Graf Reutern Baron Nolcken, Ringen in Kurland.

  2. Posted 1 de diciembre de 2010 at 8:46 pm | Permalink

    Whilem Busch , Germany

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