Mayoría de edad

Muchacha en la Ventana, de Dalí

La injusticia humana ha querido que todas las personas se hagan mayores a un tiempo. En otras épocas, hombres y mujeres tenían que demostrar su capacidad para cumplir su cometido en la sociedad (lo que, también injustamente, significaba que el sexo opuesto diera vida para que el varón la arrebatase). Pero esos tiempos ya pasaron. El útero y las gónadas ya poco tiene que ver con la edad adulta, y sólo te requieren haber visto las hojas caer un determinado número de veces para proclamar a los cuatro vientos que has pasado el umbral de la niñez.

Esa meta, volante y arbitraria, ese límite absurdo y sin sentido, tantas veces reclamada durante la adolescencia, muestra su auténtica naturaleza al sensato cuando ve que, por levantarse una vez más, nada cambia. Uno descubre para su sorpresa que los atributos de San Pedro siguen en la puerta del Cielo, como debe ser, y que, por mucho que la discutida Constitución diga que ya eres mayor de edad, no dejas de ser el mismo infante con aires de grandeza que hasta ayer depositaba su confianza en un evento tan falso como el beso de Judas.

Sé que nadie escarmienta en cabeza ajena, y que es inútil que te dé consejos que, además, ya has oído por doquier, pero que nunca has querido escuchar. Tienes derecho a caer en tus propias piedras, un derecho que has ejercido desde que naciste con arrojo y valentía relativas, sabiendo que siempre has tenido nuestra mano para ayudar a levantarte, como te acompañará en esta nueva andanza que hoy se abre ante ti.

Quizás hoy te hayas dado cuenta. La mayoría de edad te la da la Ley, injusta, pero Ley a fin de cuentas, mas la edad adulta hay que ganársela a pulso. Recuerda que decir "no" es siempre más difícil que afirmar, que lo que se ve fácil suele ser más costoso a la larga. Pero recuerda, sobre todo, que desde que naciste eres la niña de mis ojos, que te quiero como nunca nadie supo ni sabrá, y que a pesar de tus cambios, de ese pavo que nunca termina de caer de tu cabeza y de esos ojos, otrora limpios y hoy pintarrajeados, para mí siempre serás la niña que nació en medio de una paella, la que me miró desde la cuna y me robó el corazón, la que volvió a bautizarme.

Felicidades. 

Alberto Alvarez-Perea, Tete.

4 Comments

  1. Irene
    Posted 31 de enero de 2006 at 6:13 pm | Permalink

    Un post precioso :)

  2. Posted 1 de febrero de 2006 at 2:17 pm | Permalink

    Felicidades pues O_o Y que los dioses le sean propicios.

  3. Posted 1 de febrero de 2006 at 9:22 pm | Permalink

    Una reflexión hermosa e inspiradora. Supongo que a su depositaria le habrá encantado.

    Abrazos

  4. Posted 5 de mayo de 2007 at 1:17 am | Permalink

    :roll:

    emmm

    mui leendo..

    xD

    ahy nos vemos….!!!

    konXDueliiito..!!! 😛

    8)

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