Las mejores obras de los cómics: Los precedentes del medio

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Murena: Defaux/Delaby/Planeta-De Agostini

La aspiración de contar una historia en imágenes no es nueva. Cualquier medio de expresión, con sus limitaciones o la versatilidad que le ofrece su lenguaje, trata de hacerlo, o bien, sugiere esbozos de una realidad que no ha sucedido en la forma en que es recreada por quien intenta reelaborarla, puesto que una existencia pasada y recuerdo son dos ámbitos insolubles.

Cuando nos manifestamos mediante cualquier sistema de comunicación, no hacemos sino componer representaciones que tratamos de transmitir a un interlocutor o grupo determinado. Narrar mediante la palabra o la escritura no es sino forjar una historia que trata de generar la realidad tangible de lo contado en la imaginación de quien escucha o lee. Por ello, desde que el hombre tuvo concepto de pasado y un lenguaje articulado como para poder transferirlo otra vez al presente mediante una narración, intentó recrearlo o inventarlo mediante la evocación interna, la palabra, el gesto o la escritura, pero, también plasmándolo en imágenes: una técnica que fue evolucionando a lo largo de los siglos hasta desembocar en los parámetros en los que se mueven hoy algunos medios de expresión como la pintura o la escultura de carácter figurativo y los de comunicación de masas como la fotografía, el cine, la televisión, el vídeo, o el cómic.

Algunos estudiosos le han achacado a éste unos orígenes tan lejanos que incluso lo entroncan con las pinturas rupestres, los jeroglíficos egipcios, la pictografía, los vitrales de las catedrales góticas, los tapices de Bayeux y hasta en el políptico de Goya que entre el frontón y la predela muestra la captura del bandido Maragato por Fray Pedro en seis escenas de un inequívoco carácter descriptivamente visual.

Sin embargo, el cómic es una narración contada de una manera secuencial mediante imágenes dibujadas o pintadas que pueden llevar un texto para complementar o hacer comprensible el relato que se trata de mostrar, pero, además, es un producto realizado en serie, cuyo soporte ha venido siendo el papel, que se elabora con la intención de obtener riqueza a cambio de facilitar al comprador información y diversión.

Evidentemente, que sus funciones se reducen a ambos conceptos: a lo lúdico y a lo didáctico, pero a partir de ello se generan una serie de estadios que tienen que ver con los artístico, lo ideológico, lo social, etc. Primordialmente, el cómic es un reflejo de la sociedad que lo produce, sin embargo, si hay algo que fundamenta su razón de ser es servir de vehículo para difundir la cultura de esa colectividad, ya que así ayuda a la enculturación de sus miembros y los afirma y atrapa entre los entresijos de ésta.

Como se ha dicho, es un artículo dedicado a conseguir bienes económicos, que no es sino el objetivo último de la Revolución Industrial, iniciada en las décadas intermedias del siglo XVIII, momento en el que se despliega un nuevo modo de vida para el ser humano que destierra definitivamente los caducos métodos de producción de la Revolución Neolítica, en cuyas coordenadas técnicas se había mantenido sin que hubiese habido cambios sustanciales a lo largo de los siglos debido a que las técnicas aplicadas a la caza, la pesca, la agricultura, la ganadería, la artesanía, etc., no habían sufrido cambios sustanciales como para hablar de una evolución sustancial hasta que aparece la máquina autómata movida por vapor y se aplica a la industria o a los medios de transporte, con lo que se aporta un estilo de vida inédito para la especie.

El cómic surge en los ámbitos relativos a la prensa y se consolida como medio autónomo a consecuencia de su desarrollo cuando ésta permite que se puedan reproducir imágenes mediante sistemas automáticos cada vez más rápidos y a un menor precio. Por ello, el cómic, desde sus más remotos orígenes, es hijo de la prensa y no de anteriores intentos plasmados en viejos tapices, en crípticos bajorrelieves insertados en los muros de las tumbas de los faraones y la nobleza egipcia o en un divertido mosaico que cuenta en cuatro escenas consecutivas la lucha entre ridículos enanos y persistentes grullas que está expuesto en una de las paredes del patio romano del Museo Arqueológico y Etnográfico de Córdoba, aunque contenga bastantes elementos propios de su lenguaje. Pero no, todo eso no son cómics, sino casualidades que ocurren cuando el ser humano intenta plasmar su creatividad para comunicarse con sus semejantes a través del arte de la manera más perfecta posible.


Miniatura del siglo XII del Livre aux Saints Pierre et Paul

La inclusión de dibujos en los libros no brotó en La Ilustración. Ni siquiera cuando Gütenberg inventa la manera de editar de una manera mecánica, sino que el hecho es aún más antiguo, porque, ya existieron papiros que alternaban iconos y textos a un tiempo para comunicar un mensaje y códices que mezclaban letras y representaciones figuradas de la realidad, por lo tanto, el hecho de incorporar una figura en un periódico durante las postrimerías del Siglo de La Razón no fue sino una evolución lógica de una vieja aspiración humana: poseer la imagen, algo que hasta ese momento en que la burguesía se revela como un grupo social destinado a alcanzar el poder, sólo había sido un elemento privativo y distintivo de éste, de la religión o de una clase aristocrática zángana que únicamente se molestaba en dar culto al hedonismo.


Caricatura del s. XIX

En principio, las imágenes insertadas en la prensa son simples dibujos realizados a tinta sin tonos medios, puesto que las técnicas existentes por entonces no permiten la reproducción de matices intermedios.   

En lo tocante a las temáticas, aquellas ilustraciones intentan reflejar lo que se plasma en sus páginas, por lo que tendrán mucho que ver con lo político, lo religioso, lo social, lo ideológico y todo aquello que se relacione con la cotidianeidad. Sin duda, que una de sus mejores bazas eran las caricaturas de personajes conocidos cuando aún la fotografía es una idea irrealizable.


Caricatura de André Gill ridiculizando al megalómano Wagner

Pero, la tradición caricaturesca no se remite tan solo a los albores de la prensa. Simplemente, una pared encalada de cualquier ciudad podía mostrar la imagen idealizada, aunque mediatizada por el absurdo y el ridículo, de cualquier personaje público en lo nacional o lo local. Michelangelo Buonarroti retrató entre los enviados al Infierno del fresco del Juicio Final que cerraba el altar mayor de la Capilla Sixtina, al mismo cardenal que durante todo su largo y agónico trabajo estuvo intrigando para que cubriese púdicamente sus figuras… 

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Caricatura de Gillray del 18 de mayo de 1803, fecha en la que Inglaterra reanuda la guerra contra Napoleón, que aparece en la orilla derecha del Canal mientras que el primer ministro Addinton aparece arrogante, pero temblando, ante lo que se avecina. Obsérvese, a este respecto, que ya entonces, el indicativo del balloon aparece ondulado como un signo icónico que refleja miedo.

La caricatura, pues, será una de las grandes bazas que el periodismo utiliza para divertir a sus lectores. De ahí a la inclusión de un texto mediante el que se exprese el caricaturizado, hay únicamente un paso, por lo que poco a poco, pero, siempre con la deformación y la burla a la hora de ejecutar los dibujos de por medio, surgirán escenas de crítica que englobarán a más y más personajes a los que se hará hablar mediante textos encerrados en ovoides para separarlos del contexto gráfico y en los que hay que disponer un pequeño hilo para indicar al lector cuál de las numerosas figuras es la que habla. A continuación, y mediante este sistema, una conversación es posible que surja entre los esporádicos protagonistas. Ahora, ya sólo habrá que esperar unos años para que la ilustración se convierta en una secuencia separando los espacios temporales con más de un dibujo. Cuando alguien haga esto, habrán nacido los cómics.

José Antonio Ortega Anguiano 

4 Comments

  1. Discómic.
    Posted 14 de enero de 2006 at 12:38 am | Permalink

    Amigos Alberto y Anguiano,os voy a dar un mosáico nilótico,procedente del medio,diez sobre diez,con cuidao,¡eh!,¡GENIAL!,¡palánte con tó!.Saludazos.

  2. Posted 20 de enero de 2006 at 2:59 pm | Permalink

    Joer… no sé cómo estará el resto del TBO pero lo que es éste dibujo Ufff!… un pasote.

  3. Paris1952
    Posted 22 de enero de 2006 at 2:06 am | Permalink

    Supongo que te refieres al dibujo de Murena que aparece en el inicio del artículo. Si es así, amigo Johnnymepeino, puedes ver cualquiera de los cuatro álbumes que integran la colección editada por Planeta-DeAgostini en librerías especializadas. Como tú dices, son un pasote en cuanto a dibujo, guión, color, documentación, etc. Lo mejor que he visto en mucho tiempo…
    Saludos.

    José Antonio

  4. hugo
    Posted 19 de junio de 2006 at 2:42 am | Permalink

    por que no poen comics porno 👿

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