Cierra Jesmar

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Ayer los trabajadores de Jesmar pusieron fin a lenta agonía que aquejaba al otrora gigante juguetero alicantino. Ya no veremos más anuncios que terminen con el característico "de Jesmar", las niñas no volverán a acunar a sus bebés levantinos ni a preguntarse acerca de las nuevas guarrerías de Cocolín.

El cierre de Jesmar es un símbolo más de la caída de la industria tradicional española, que no puede enfrentarse con la competencia extranjera. Son las reglas del capitalismo del que todos nos beneficiamos, pero no volver a ver la carita sonriente que corona su logotipo, no deja de ser un odioso "efecto colateral".

Esos tiempos en los que los Reyes recalaban en Alicante para proveerse de los sueños de todos los niños españoles cada vez quedan más lejos, la época en la que las muñecas de famosa se dirigían al portal ya pertenece a un subconsciente colectivo que sólo adquiere tintes de realidad cuando aparecen en la vida de los Alcántara

Adiós, Jesmar.

Alberto Alvarez-Perea 

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