Leyendo en el Metro

Una de las cosas que más me gusta de las ciudades grandes es el metro. Hay muchos motivos por los que esto es así, pero yo creo que principalmente son dos: la facilidad que otorga para moverse y manejarse, independientemente de que conozcamos el lugar o no, y la gente. Los metros de todo el mundo están llenos de gente, y se han convertido en uno de los pocos lugares donde se mezclan casi todos los estratos sociales. Eso sí, sin cruzar las miradas, que en los suburbanos los ojos están para orientarlos al vacío o al suelo, pero nunca para fijarse en el que tenemos en frente, no vaya a ser que se trate de un psicópata y se moleste por mi interés.

Algún día me ocuparé más detenidamente de mis experiencias en el metro, creo que cuento con un interesante anecdotario: los intentos de robo en Londres y Roma, el musulmán que, con su turbante y su mujer "emburkada", intentó agredirnos en París, el Minibronx que rodeaba a la estación de Saint Louis o el asiático que me pedía a gritos el otro día, aquí en Madrid, en cualquiera que fuese su idioma, que hablase por teléfono con alguien, son algunos de los sucesos que he protagonizado en el metro. Pero ese no es el tema de hoy, hoy me quiero fijar en el tercer motivo de mi afición por el suburbano: la lectura.

En el metro la gente lee. Sí, puede sonarle extraño, pero es cierto. En estos tiempos en los que no se lee ni en las bibliotecas, cuyas salas sólo ocupamos estudiantes (y por obligación), y que el ciudadano medio usa más como videoclub gratuito que como fuente de letras, en estos tiempos, la gente sigue leyendo en el metro. No sé si será porque no hay mucho más que hacer, o porque es una buena forma de no mirar al de al lado, pero en proporción de lectores, el Madrid subterráneo gana con creces a la superficie.

Es una alegría entrar en un vagón y ver un señor agarrado a una barra metálica con una mano y al Código Da Vinci con la otra. Da gusto mirar a una pared de resina y ver un poema de Rosalía de Castro ilustrado, saber que este otoño se van a repartir fascículos coleccionables con las aventuras de D. Quijote, o que el Ayuntamiento planea poner bibliotecas públicas en las principales estaciones. Ante estas cosas, de alguna forma, uno se siente en un reducto en el que la televisión todavía no ha ganado la batalla. Pero fíjense que digo "todavía".

Y si uso el adverbio es porque en la mayoría de los andenes del suburbano ya se puede ver el "Canal Metro", un rodillo informativo y publicitario que se presta a ser observado mientras se espera la llegada del tren. A esto hay que sumar que los nuevos modelos de la flota ya incorporan monitores en su interior, que hoy aún permanecen apagados. Pero mi sorpresa llegó cuando, hace un par de días, cogí una de las cafeteras que suelen surcar la línea 6 y vi que habían añadido, de forma bastante burda, pantallas similares a las de los trenes más modernos, algo que para muchos puede ser signo de modernidad, pero que a mi me cayó como un jarro de agua fría.

Supongo que los peces gordos se han dado cuenta de que la vaca del metro se puede ordeñar un poquito más si a los publicistas se les asegura que vamos a estar viendo sus anuncios durante todo nuestro trayecto. Poco importa que para sacar dos perras idioticemos un poco más al populacho, que si ya no lee en su casa, ¿qué más da que lo haga en el metro? Es cuestión de tiempo, pero parece que la lectura también se ha encontrado con su verdugo en su último refugio.

Una pena.

Alberto Alvarez-Perea

8 Comments

  1. Posted 21 de agosto de 2005 at 6:54 am | Permalink

    El transporte puede ser una buena biblioteca ambulante. Los metros son fascinantes, pero no todos son tan hermosos y útiles como el de Madrid, aunque la gente no se atreva a mirarse a los ojos. Si te montaras en el de México D.F. alucinarías con un metro donde a veces se separa a hombres y a mujeres en vagones distintos (porque a las mujeres en algunas líneas les meten mano, así que la solución es deshacer el nudo gordiano) o donde sin duda no están mezcladas todas las clases sociales. Por no hablar de que, como la ciudad es tan grande, donde te bajes tendrás que caminar todavía media hora para llegar a tu destino, ya que el metro del D.F. no es tan bonito como el de Madrid, que tiene entradas a veces una frente a la otra y comunica tan bien la ciudad. Mas con todos sus defectos, también hay gente que lee, y constituye una aventura. Sí creo que hay una esperanza para la lectura en los metros del mundo.

    Un abrazo.

  2. Posted 21 de agosto de 2005 at 10:41 am | Permalink

    Hace unos años alguien hizo una curiosa estadística sobre los hábitos de lectura en el Metro. Recuerdo que los escritores españoles más leídos por los viajeros eran Eduardo Mendoza y Muñoz Molina. Hoy, sin duda, el best-seller subterráneo es el maldito Código da Vinci. El Metro se presta a la lectura fácil, sin muchas complicaciones. Nunca he visto a nadie leyendo a Juan Benet.

  3. H
    Posted 21 de agosto de 2005 at 1:26 pm | Permalink

    Mi preferido es sin duda el metro de Londres. Recuerdo como todas las mañanas me lei The Sun en el metro y aun me sobraba tiempo para algun libro tb. Es mucho mas impersonal que el de Madrid pero por bonito y encanto el de Londres. Y es cierto, se lee mucho mas en un metro que en cualquier otro lugar pero como pasa siempre la imagen le gana terreno. Dentro de poco en los televisores pondran novelas para que las leamos con sus consiguientes minutos de publicidad.

  4. Posted 19 de octubre de 2011 at 11:21 am | Permalink

    Hello. This is a tweet. Using twitter API for ios

  5. Posted 23 de noviembre de 2011 at 11:13 pm | Permalink

    Bipolar Disorder chat rooms can help patients

  6. Posted 18 de mayo de 2014 at 2:34 am | Permalink

    makari na itan toso aplo. o kaminis den einai super man/batman. thleei poli douleia, kai xrono gia na allaksei i katastasi. a , kai na valoume kai emeis to xeraki mas.oxi pia apatheis dierxomenoi.ara manikakia sikomena oloi :)

  7. Posted 28 de febrero de 2015 at 6:26 pm | Permalink

    Den prepei na xttiesi kanena neo mall sto kentro, kai pragmatika aporw pou to proteines! Esy o idios den eleges prin kati mhnes gia dromous pou prepei na ginoun pezodromoi, anaplash me prasino kai tonwsh-sthrixh twn mikrwn epixeirhsewn? Ola auta den symbadizoun me to xtisimo enos akomh mall, ektos an pisteueis oti h Athina mporei na mimithei alles prwteuouses ths Eurwphs pou exoun rymotomia kai swsth organwsh…

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