El anillo negro

Hace unos meses, volvía a mi amado Londres, una ciudad de la que el corazón nunca me ha permitido alejarme. Ayer, me regocijé al saber que en 2012 sería una ciudad aún más acogedora (aunque eso implicase el aplazamiento de las aspiraciones de Madrid). Hoy me he enterado de que los anillos olímpicos ya van llegando a la City, y el primero de ellos ha sido el negro.

Me da igual que sea por haberse convertido en sede olímpica, porque el Reino Unido alberga la cumbre del G-8 o, simplemente, para cerrar el macabro trío de las Azores. Nada lo justifica. Ninguna razón es suficiente para sesgar una vida humana.

Hoy, desde la ciudad que sufrió el último gran ataque terrorista, me siento más londinense que nunca. Hoy todos lloramos por Londres.

Alberto Alvarez-Perea

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