Santidad

baculo.jpgLa figura de Juan Pablo II es esencial para comprender las últimas décadas del siglo XX. Su imagen, afable y venerada, sus viajes, su actitud conciliadora y tolerante, e incluso el atentado contra su vida contribuyeron decisivamente a marcar una senda aperturista en el seno de la Iglesia Católica. Siguiendo la estela de "Papa viajero" que marcó Pablo VI, el actual Pontífice supuso el acercamiento del Vaticano al pueblo que el final del siglo pasado requería. Sin embargo, se hace realidad en él la sentencia que afirma que nadie puede ser revolucionar dos épocas, y lo que otrora fue progresista los años se encargan de convertirlo en conservador.

No quiero meterme en fregados teológicos, hoy no, no quiero hablar de preservativos, ni homosexuales, no voy a cuestionar los conocimientos de biología que puede tener un cardenal u obispo. No. Y no lo voy a hacer porque probablemente Su Santidad ni siquiera se entere demasiado de aquello que dice hoy por hoy el Vaticano. En cambio, me gustaría fijarme en un hombre enfermo, que ha estado a punto de ser asesinado, que ha sufrido un cancer colorrectal, y al que desde hace años el mal que describiese Parkinson va comiéndose por dentro.

Desde hace tiempo la frase más repetida entre los que afirman que Juan Pablo II no debe irse es "está enfermo, pero de cabeza está muy bien", pero últimamente muchos de los que de hablaban así comienzan a plantearse si verdaderamente está bien y si es justo que mantengamos a un hombre enfermo, de edad avanzada, bajo la carga que supone tirar de un estado y de la fe de millones de personas.

Sobre lo primero, poco puedo decir. Sólo que, como casi-médico, sé que el Parkinson, aparte de los fenómenos motores, produce bradipsiquia (enlentecimiento del pensamiento), depresión, y en 25% de los pacientes, deterioro intelectual y demencia. La incidencia de este último síntoma se asocia a, entre otros factores de riesgo, la edad avanzada.

Respecto al segundo punto, la conveniencia de mantener a un anciano al frente del Catolicismo. ¿Qué puedo decir? Que si fuera mi abuelo, yo intentaría por todos los medios que lo dejase. Parece que no soy el único en opinar así. Este hombre ha dado su vida por la Iglesia y se merece un descanso ya. Los periódicos afirman exaltados que el código canónico lo permite, algo que la mayoría ya sabíamos. E incluso se buscan precedentes en Pablo VI y Pío XII, en un debate abierto desde que el cardenal Sodano dijese que era una decisión que habría que dejar a la conciencia del Papa, quien podría seguir dirigiendo la Iglesia aunque no pudiese hablar.

Todo esto me deja con dos dudas: ¿Está el Papa en condiciones de decidir si quiere seguir o no al frente de los católicos? y, si la Iglesia no acepta el suicidio, ni la Eutanasia… ¿por qué permiten que el Papa se esté muriendo en directo?

Alberto Alvarez-Perea

One Comment

  1. Posted 9 de febrero de 2005 at 8:17 pm | Permalink

    De verdad siento pena de verlo así, trabajando todavía. Pero seguramente es un sacrificio que se impone a sí mismo. Espero que Dios lo acompañe en lo que decida hacer.
    Saludos

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