Un puente en Transilvania

Drácula

El poder de Drácula radica en que nadie cree en él
Dr. Van Helsing

Los que me conozcáis o visitéis con cierta frecuencia esta bitácora, conocéis mi afición a la mitología de los vampiros. Las novelas de Anne Rice o la saga de Buffy han contribuido enormemente a las mediatecas sobre este tema. Pero no podemos olvidar al padre de todos ellos, al señor de los vampiros: Drácula. Vlad me mordió recientemente cuando disfruté de Nosferatu, y la redistribución de la Biblioteca Grandes del Cómic dedicada al personaje, no hizo sino seguir infectándome de su sangre maldita, así que este puente he querido dedicárselo parcialmente al príncipe rumano mediante el visionado de algunas de sus producciones cinematográficas.

Elegí tres películas: Dracula (1931), con el genial Bela Lugosi; Horror Of Dracula (1958), ya en Technicolor, interpretada por Peter Cushing y mi venerado Christopher Lee; y para finalizar, la última superproducción dedicada al conde: Bram Stoker’s Dracula de Francis Ford Coppola.

Aunque las tres cintas (cuatro, sin incluimos Nosferatu) adaptan, con mayor o menor fidelidad, la novela original de Bram Stoker, sus aproximaciones al antihéroe son muy dispares. Murnau y Ford Coppola nos muestran a un personaje más romántico, cuya maldición emana de una necesidad de amar, mientras que Fisher y Laemmle retratan a un vampiro más cruel y sanguinario que disfruta con la venganza, motivo que le lleva a Londres.

Es también interesante ver la evolución del personaje de Van Helsing, inexistente en Nosferatu, poco importante en la película de 1931, y que rivaliza por el protagonismo en las historias más recientes. Llegando al punto de que en los créditos de la producción de la Hammer, el nombre de Peter Cushing aparece más grande que el de su antagonista. Es una lástima la última película protagonizada por el Dr. Van Helsing, en la que el gran erudito se transforma en una suerte de aventurero, que poco o nada tiene que ver con el personaje original.

Es de destacar la sobresaliente producción de Francis Ford Coppola, quien dota al vampiro de una humanidad más propia de Lestat, y más acorde con sus raíces literarias. Todo ello apoyado por un genial elenco de actores. Sin embargo, la presencia y la elegancia de Christopher Lee, enfrentándose a Peter Cushing, siguen representando la quinta esencia de Drácula. Cuando les veo juntos me pregunto si nacieron para algo más que interpretar a los personajes de Stoker… afortunadamente Sherlock Holmes siempre me saca de dudas.

Alberto Alvarez-Perea

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