Vera y la ruptura del PSOE

Rafael Vera en 1999Cuando, hace unas semanas, oí que se condenaba a Rafael Vera a siete años de prisión por sus coqueteos con los fondos reservados, pensé que, por fin, el Partido Socialista rompía con el pasado. Se daba carpetazo, y por fin el PSOE podría gobernar sin que le recordasen continuamente los despropósitos del final de la era González.

Pero me equivoqué: al día siguiente de que Vera compareciera ante los medios y amenazase con "tirar de la manta", Felipe González, Barrionuevo y Corcuera presentaban una petición de indulto para el antiguo secretario de Estado. Ha sido la primera vez que he dudado de la pretendida inocencia de Felipe González en los casos de los fondos reservados y GAL.

El gobierno de Zapatero que, al principio no dijo ni que sí ni que no, se ha pronunciado definitivamente en contra de la petición del ex-presidente. Este gesto de valentía ha reabierto una herida en el PSOE que llevaba tiempo cerrada en falso: la separación entre la vieja guardia y el nuevo talante.

El actual presidente y su gabinete han intentado en todo momento mantener contento a todas las facciones de su partido, que son muchas. Para ello han hablado siempre con respeto de los últimos gobiernos socialistas, a la vez que se desmarcaban de aquellos en su manera de hacer las cosas. Pero González y su pandilla le han puesto entre la espada y la pared. En vez de preocuparse por el interés general y el de su propia organización, han presionado a Zapatero y éste, que se debe al pueblo y no a las viejas glorias, se ha visto obligado a romper con el pasado.

Alfonso Guerra, con su carta a Tiempo y su intervención televisiva, arremetiendo irresponsablemente contra el poder judicial, ya nos avisó de que los barones del partido no se iban a aceptar de buen grado la encarcelación de Vera. Lo que de ningún modo cabía esperar es la esperpéntica aparición de Rodríguez Ibarra hace un par de días aconsejando al Ministro de Justicia que usase la petición de indulto como supositorio.

Pero es que Ibarra, en su eterno papel quijotesco, vuelve a la palestra hoy para acaparar un poco más de ese protagonismo que tanto le gusta, y vaticina que "si Vera pisa la cárcel, no sale". Algo que ha reforzado el propio interesado, al anunciar su intención de tomar una "medida drástica" si entra finalmente en prisión. Supongo que espera que, ya que asustó a González con su amenaza de tirar de la manta, ahora Zapatero tendrá miedo de cargar sobre su conciencia con el sugerido suicidio.

Lo cierto es que, entre Maragall, Ibarra y González, Zapatero tiene más difícil gobernar su partido que la propia España.

Alberto Alvarez-Perea

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