La resurrección de Arafat

El hombre y el mito

Estos días estamos asistiendo a un cruel espectáculo: la muerte y no-muerte de Yasir Arafat.

Que actualmente el cuerpo del dirigente palestino no alberga ya vida alguna, es algo que pocos dudamos. Probablemente su cadáver siga conectado a un respirador y otros prodigios de la medicina moderna, pero los que hemos decidido dedicarnos al noble arte de Galeno sabemos bien la diferencia entre ese estado y la vida.

El destino ha querido, una vez más, darnos un toque a base de casualidades. Para ello, se ha asegurado de que Arafat muera, o vaya a hacerlo, varios días después de la conmemoración del asesinato de Isaac Rabin, pero antes del aniversario de la muerte de Francisco Franco. La primera fecha tiene un significado obvio, nos recuerda la importancia histórica del moribundo, nos avisa de que nos abandona un líder que, independientemente de sus medios e ideologías, fue carismático y supo guiar a su pueblo por el que pensó que era el mejor camino (o el más eficaz) para alcanzar la meta de recuperar la tierra robada. Nos recuerda que toda causa digna de luchar por ella ha de trascender a líderes y peones.

Sin embargo, no es esa casualidad la que me ha impulsado a escribir este artículo, sino más bien la que nos toca más de cerca. Es deplorable que, 29 años después, se esté haciendo con Arafat la misma pantomima que con Franco. Es triste pensar que en París hay un cuerpo sin vida rodeado de personas cuyo único interés es sacar tajada lo antes posible.

La deontología médica llama a esta práctica, prolongar la muerte, "encarnizamiento terapeútico". Pero, en casos como este, ese nombre se queda corto, puesto que además de a un alargamiento innecesario y desproporcionado de la actividad biológica, se les está sometiendo a una humillación pública, y se está mediatizando su aliento con el fin de controlar a un pueblo. Están usando una vida para que unos cuantos sigan mangoneando a muchos.

Es triste que el ser humano no aprenda, pero aún lo es más cuando las consecuencias de esa condición las tiene que pagar otro.

Yasir, donde quieras que estés, espero que te dejen descansar en paz.

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