El Bush de la discordia

El reelegido y el rechazado durante su encuentroLa mentalidad de Bush es la de abusón de colegio. Lo llevo diciendo desde el 11-S. Su política exterior se reduce a hacerse amiguito de aquellos que le siguen la corriente y a enfrentarse abiertamente con quienes se niegan a hacerlo.

Aznar sufre de delirios de grandeza. Piensa que "juntándose" con Bush puede entrar en la historia, así que él insiste. Me recuerda a una vieja viñeta de un periódico inglés en la que salía Franco hablando por teléfono y decía "¿Es Hollywood? Quería que hiciesen una película sobre cómo gané la II Guerra Mundial para los Aliados". Aznar no se da cuenta de que su acercamiento a Bush no le ha traído más que desgracias a él mismo, a su país y a su partido. Es lo triste, que parece no haberse enterado de que cuando se publicaron las fotos de las Azores a él lo recortaron.

El PP sigue creyéndose un gobierno exiliado. En Génova dan por hecho que el triunfo se lo arrebataron los terroristas del 11-M, sin acordarse del Prestige, de Irak y de las mentiras del 10-M. Y por añadidura, el PP ve como su popularidad cae un poco más cada vez que tienen que defender a regañadientes alguno de los soberbios gestos de José María Aznar, como su última perla de Georgetown: "En muchos países hoy, desafortunadamente incluido el mío, encontramos por primera vez que el sentimiento antiamericano no sólo emana de las calles, sino que también está siendo defendido por las elites y gobiernos".

Por su parte, Zapatero está fastidiado, está mosqueado. Él se ha tragado su orgullo y ha llamado al americano, y éste o no ha querido, o no ha podido devolverle la llamada. Y para colmo de males, recibe al eterno adversario (no nos engañemos, Zapatero no venció a Rajoy en las elecciones, sino a Aznar) y le da unas palmaditas en el hombro, lo que legitima aún más a los ojos del PP su condición de gobierno en el exilio. Zapatero tiene todas las razones para estar cabreado, ya que las esperanzas de un Bush más dialogante en su segundo mandato parecen desvanecerse, al menos en lo que respecta a España. El presidente norteamericano está dejando bien claro que es un vaquero y que los hombres duros no perdonan la traición.

Pero la sorpresa llega hoy, al enterarnos de que el matrimonio Bush ha invitado a almorzar, probablemente en el rancho de Texas, a D. Juan Carlos y Dña. Sofía. Y además, Casa Blanca ha asegurado que el Presidente no se ha podido poner en contacto con Rodríguez Zapatero por cuestiones de agenda, pero desea hacerlo lo más pronto posible. ¿Será esto un tímido intento de acercar de posturas? Sólo el tiempo nos lo dirá. De todas formas, me gustaría pedirle a nuestro Presidente que no se olvide del desastre del 98 a la hora de tratar con Bush.

Alberto Alvarez-Perea

One Comment

  1. Posted 19 de diciembre de 2004 at 6:21 pm | Permalink

    Bueno, me parece un comentario muy acertado. Parece que la evidencia que tu comentario muestra no es admitido por mucha gente que se aferra a una ideología política. Me da igual las siglas, lo importante es la verdad, la humildad y el bien común, eso que aznar no tuvo en cuenta es su particular peli de baqueros.
    saludos

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