Cuando salí de mi tierra…

A lo largo de mi vida he oído en múltiples ocasiones decir eso de que el racismo (bueno, y el sexismo, y muchos otros -ismos y -fobias) es producto de la falta de educación. Yo lo había dado por hecho y siempre que alguien hablaba de manera xenófoba había pensado, y en ocasiones manifestado, "es que tú eres un ignorante". Y siempre sonaba otra voz autorizada que decía "España es tierra de emigrantes, por eso somos tolerantes con los extranjeros, debería darte vergüenza".

Pero, ¿qué ocurre cuando el que despotrica contra la inmigración es uno de esos que tú no consideras inculto, ignorante ni maleducado? Es más, ¿y si es precisamente una de esas personas que admirabas y a quienes pretendías imitar en determinados aspectos?

Eso es lo que ocurre últimamente. Muchas de esas personas que considerabas, y que ellas se siguen estimando, tolerantes, de repente, se han vuelto xenófobas. Y te dicen que ellos están dispuestos a recibir a los inmigrantes que pueda sostener el país, pero no a tantos como vienen, y te sueltan que además hacen feo en las calles, y que se concentran, y que no se adaptan a nuestro modus vivendi, y que para mendigar que se queden donde están…

Yo me pregunto: ¿tan poca memoria histórica tenemos los españoles? ¿tan pronto se nos han olvidado los siglos en los que hemos sido nosotros los emigrantes? ¿nadie recuerda ya a Juanito Valderrama haciéndose un rosario con dientes de marfil para poderlos besar? Como la inmensa mayoría de las familias españolas, en la mía hubo personas que fueron a Alemania, y que contaban las mil y una humillaciones a las que eran sometidos. Pero parece que eso no sirve para que nosotros no repitamos la historia con los magrebíes, marroquíes, subsaharianos, ecuatorianos, filipinos, venezolanos, cubanos…

Señores, hoy España forma parte del primer mundo y, nos guste o no, este es el precio que tenemos que pagar por explotar al tercero.

One Comment

  1. rosa
    Posted 13 de diciembre de 2004 at 7:17 pm | Permalink

    Totalmente de acuerdo. Sobre todo con el corolario. Es el precio mínimo que tenemos que pagar por haberles dejado sin nada.
    Y si no quieren que venga, pues ya saben, que creen las condiciones para que vivan dignamente en su país, y así ya verán como no vienen. Porque nadie desea abandonar su casa.

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